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Me siento un poco confusa.
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Hay un hombre sentado al fondo del bar. A veces lee un libro del que no imagino el título pero del que pienso que será alguna trama futurista, a veces revisa un pequeño cuaderno de tapas gruesas y anota algo en él. Parece una de esas agendas atípicas que no se ven en estas tiendas de los alrededores. A veces habla por teléfono y sonríe y a veces simplemente se limita a mirar a la calle como la miro yo. Y a veces ...
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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.Roy, en 'Blade Runner'
ESTA SOBREMESA ME ENCONTRÉ ESTAS PALABRAS ESPERÁNDOME EN UN BLOG....
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Hoy he recibido un correo de una amiga. Creo que ya hace cuatro años que la conozco, aunque nunca, personalmente. Vivimos en los extremos pero no somos extremistas, aunque sí muy sentimentales. Tenemos esa virtud y ese defecto, de sentirlo todo con demasiada fuerza, tanto para bien como para mal. En todo este tiempo, ella me ha confiado tantas cosas... que yo siento que voy masticando su vida cada vez que la leo. Pero hoy ha sido diferente. Por primera vez, en todo este tiempo, he recibido una grabación de su voz. Dice que no tenía ganas de escribir. Me hubiera fumado un cigarrillo mientras la escuchaba pero como lo he dejado, me conformo con deborar los pistachos de emergencia que compré. Se escucha el tráfico de fondo. Ella es jodidamente transparente, hoy he descubierto que su voz también. Y, aunque la música de Marcelo se debate entre sonar o no, ella narra con naturalidad, silencios, sonrisas, aquello que le sucedió.
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Dejo esto aquí escrito porque sé que se pasa por aquí en silencio, como yo entre sus palabras. Y le agradezco ese correo de confianza que ahora, mientras escribo esto, tengo de fondo. Ella habla, como si ahora mismo nos encontráramos en una terraza del paseo marítimo tomando una copa. Ahora sé que se puede apreciar a una persona sin conocerla personalmente. Y sé que uno se puede emocionar, tan sólo, con escuchar una voz vibrando en los altavoces. Y yo me emocioné, sonreí por ti. Porque al cerrar los ojos pude alcanzar lo que cuentas, más aún que con tus palabras escritas. Y que tienes la voz de un ángel, y también unas alas enormes :)
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AYER A LA TARDE ESTAS OTRAS LLEGARON A MI CORREO...
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vaya sorpresa mas bonita ... me ha encantado escuchar tu voz ...que pasada ...es muy limpia , musical y desprende simpatía ... Me gustaría escucharte sentadas en una terracita mientras tomamos algo y vemos la gente pasar ... Respecto a la que cuentas , lo primero gracias por compartirlo y lo segundo que bonito ... lo vas contando como si fuese una película ... los detalles de la ropa , el recogido , el hotel ...puedo imaginarte perfectamente ... Ahora estoy en el trabajo , en medio de un proyecto que me tiene bastante concentrada pero en cuento pueda , al volver a acasa lo voy a volver a escuchar ... Bueno , supongo y espero que ya repuesta de los inconvenientes de la regla ... Yo estoy ya casi limpia ... AY ...que no se me olvide , que daño el depilado del pubis ¿no?... sobre todo cuando empieze luego a crecer ... besos , muchos besos voz bonita
" Esperaron el tranvía un largo rato, luego entraron en el bosque. Caminaron entre los árboles de sílex y bajo sus pires se fragmentaban hasta convertirse en polvo hojas grises y metálicas. Hacía mucho frío.
- ¿No tienes demasiado frío? -preguntó Lehameau.
- Oh no. Cuando estoy con usted me da calor.
- ¿Es verdad? -preguntó Lehameau riendo-. Yo también, sabes -añadió entonces muy serio-, cuando tu estas conmigo, ya no pienso en el frío, en la dureza del tiempo.
- ¿Es usted desgraciado, señor Bernard?
- ¿Yo? No. ¿Por qué piensas que puedo ser desgraciado? No soy desgraciado. No soy feliz, no es lo mismo. Pero tampoco busco ser feliz. Pero tú eres aún demasiado pequeña, demasiado joven, para entenderlo. "Raymond Queneau
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Todavía padezco la enfermedad de las búsquedas, dijo alguna vez Friedrich. No estoy contento y continúo borrando. Y así lo hago yo. Digo después de dejarle y ya a solas con mi cuaderno: 'claro que tengo miedo a la caducidad de la axila desierta, del pubis acústico. Y te escupo versos que tú jamás escuchas o que no adivino si lo haces. Porque él, el hombre con las horas contadas, nunca se descubre más allá de las sábanas. Porque se escuda en ese silencio acordado que no tuve otro remedio que aceptar. Es que era una cuestión de respeto. Pero esencialmente por mí.
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